|
Del «piso-patera» al «loft» de diseño Madrid- Como en otras zonas de Madrid, en esta zona del barrio de la Guindalera también conviven la lucha por la supervivencia con el «glamour» de cualquier capital europea. El inevitable hacinamiento de algunos recién llegados con el oportunismo de quien sabe que los precios baratos permiten comprar bien, y convertir viejos inmuebles en residencias lujosas y tranquilas. «Es posible», comentan desde el Ayuntamiento, «que muchos de los empadronados en un lugar ya no residan ya allí. El colectivo inmigrante es muy móvil y a veces se trata simplemente de lo que denominamos un hacinamiento administrativo. Nuestro trabajo de censo es siempre, en cierto modo, una aproximación». Un paso necesario Y es que el padrón es un paso útil, necesario casi, que muchos dan para conseguir tarjetas sanitarias, y ventajas educativas y sociales. El proceso es lo suficientemente sencillo, además, para que esté hasta cierto punto, fuera de un control férreo. «Basta con que una persona esté empadronada en un lugar para que cualquier otro que el permita pueda empadronarse también», explican desde la sección de estadística. Ello da lugar a un fraude del que muchos hablan en el barrio, aunque nadie parezca darle demasiada importancia: algunos caseros empadronan a discreción a cambio de una cantidad de dinero, creando una especie de pisos-patera ficticios, con un número de adscritos que no responde a la realidad, ya de por si concurrida. Esta práctica, legalmente, constituiría un delito de falsificación de documento público, perseguible de oficio. Los datos del Ayuntamiento lo sitúan, sin embargo, lejos de los límites de alarma: «Tratamos de controlar los lugares donde vemos que hay una saturación», explican. «Por ejemplo, si hay más de 15 personas empadronadas en un piso de noventa metros». La otra cara de la moneda es que el barrio está empezando a multar hacia el alto standing. «Hay mucha gente de fuera que ha comprado viejos locales comerciales y los ha convertido en ‘lofts’. Si tienes dinero esta zona aún no es muy cara», comenta Marina, una vecina peruana de la calle Alonso Heredia. «Aquí al ladito vive una ex miss-España». (La Razón, 31 de agosto de 2007) |