El único siete estrellas gran lujo.

Es posible que a más de uno le cueste situar Dubai en el mapa. Se trata de uno de los siete emiratos que integran, desde 1971 Emiratos Árabes Unido, el pequeño país asiático situado en el Golfo Pérsico y que limita con Arabia Saudí y Omán.

Últimamente, la ciudad de Dubai se ha puesto de moda, de hecho la llaman 'la joya exótica de Emiratos'. Antes fue célebre por el petróleo, pero ahora se ha convertido en el paraíso del lujo y su principal fuente de ingresos es el turismo (muy selecto, eso sí). Grandes rascacielos, proyectos de urbanización y espectaculares hoteles son la carta de presentación de una ciudad de cultura arábiga convertida en una de las metrópolis más ultramodernas.

Y precisamente uno de sus emblemas es el hotel Burja-Al-Arab. La mayoría de las revistas especializadas del sector se refieren a él como "el único hotel siete estrellas del mundo", aunque en su página web figura como un cinco estrellas Deluxe. Ha sido calificado como el mejor hotel de mundo en varias ocasiones, por el Institutional Investor Magazine y World Travel Awarsd, y es que el establecimiento promete: tiene helipuerto, Rolls-Royce y hasta un restaurante submarino.

Se encuentra situado en una isla artificial creada para la construcción del edificio, que está a 280 metros de la playa y se conecta con la tierra por una carretera. La construcción del hotel es tan espectacular que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad (aparece en todas las postales de Dubai). Se trata de una enorme y altísima gran vela de 321 metros, más o menos lo mismo que mide la torre Eiffel. De lejos, parece un gran barco de diseño anclado en la costa.

Dentro, el oro, el mármol de Statutario (el mismo que utilizó Miguel Ángel en sus esculturas), el granito Azul Bahía y las piedras preciosas decoran las paredes y el suelo del inmueble, sobre todo en la recepción principal.

En el hotel lo dicen bien claro: "Aquí no hay habitaciones, sólo suite de lujo". Es decir, que las 202 estancias tienen, como mínimo, 169 metros cuadrados y llegan hasta los 780 metros cuadrados. En general, cada una de ellas tiene un área para el comedor y otra para la sala de estar, separadas de las habitaciones. Aún así, se distinguen varias categorías. La Delux suite tiene una escalera de caracol que divide dos pisos, el de abajo donde se encuentran las zonas comunes, y el de arriba, donde están los dormitorios. La Club suite se distingue por las espectaculares vistas al mar y al desierto, y también porque el piso de arriba es un enorme loft. La dos habitaciones más espectaculares son la Presidencial suite y la Royal suite, la primera con biblioteca, mayordomo propio y baños de mármol; y la segunda, además de lo anterior, goza de ascensor y cine privados. Casi nada.

Por cierto, no hace falta decir, que todas disponen de ordenador portátil con acceso a Internet, jacuzzi, baños de spa, aromaterapia, camas giratorias, etc.

Los detalles que hacen el Burj-Al-Arab aún más distinguido, si cabe, es el helipuerto, situado en el piso 28 (se ofrece la posibilidad de traslados desde el aeropuerto), los Rolls-Royce con chófer o el yate privado. Además de un enorme Spa y centro de salud, con vistas al campo de golf, o el Wild Wadi Water Park (el parque acuático situado entre este hotel y el Jumerairah Beach).

Como no podía ser de otra manera, siete restaurantes completan este fastuoso establecimiento. El más llamativo, diferente y original es Al Mahara, un restaurante submarino especializado, claro está, en pescado y en el que la novedad es comer rodeado de múltiples especies y animales marinos, incluso tiburones.

Eso sí, los precios son tan espectaculares como sus instalaciones. Sólo asequibles a multimillonarios.



(El Confidencial, 30 de septiembre de 2006)