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"Bisturíes" en el casco histórico. Sala Cal, la sala de exposiciones que posee el estudio del arquitecto Ramón González de la Peña en la calle Doctor Mercado, número 1 de Jerez, nace con la idea de ser un show room que, hablando en castellano, más que una sala de exposiciones al uso se trata de un espacio expositivo donde mostrar, no siempre vender, los trabajos del propio estudio de arquitectura al público en general o trabajos de otros estudios de arquitectura. También se muestran otro tipo de trabajos pero siempre ligados a la arquitectura. Recuerden que la sala se inauguró con una muestra de mobiliario diseñado por prestigiosos arquitectos y continuó con una exposición de fotografías de Fernando Alda sobre edificios. Pues bien, ayer la sala se estrenó, por fin, como show room. Sala Cal cuenta con el patrocinio del Colegio de Arquitectos de Cádiz y las bodegas González Byass que hizo aún más agradable con sus caldos la visita a la muestra. Ésta se titula 'Ciudad Invisible' y la compone varias maquetas y 22 paneles, sobre otros 22 proyectos de arquitectura, donde se muestra hasta el más mínimo detalle con fotografías, planos y una pequeña memoria explicativa, distintas intervenciones en cascos históricos de la provincia de Cádiz más alguno realizado para Estepa o Écija en la provincia de Sevilla. La muestra se completa con un proyecto para Jaén y otro para un concurso en Huesca. ¿Qué es lo que vamos a ver? Pues vamos a ver intervenciones, más o menos afortunadas o más o menos polémicas, pero todas ellas con un denominador común: conseguir que la arquitectura de hoy se instale en los cascos históricos. La arquitectura, dice González de la Peña, "es sólo Una con independencia del momento histórico en que se realiza". Por este motivo hay que huir de la pamplina conservacionista o historicista de la que dice que es una falacia y una falta de respeto a la memoria de los arquitectos que nos precedieron y a los vivos que no se dejan engañar. La arquitectura pastiche y sin sentido. En 'Ciudad Invisible' se reúne una serie de proyectos, concursos -ganados o no- y obras en ejecución en centros históricos que atienden a la arquitectura desde diversas posiciones culturales y sociales y todos desde la búsqueda de la calidad. Lo nuevo no siempre cuenta con el apoyo de la mayoría. Dice Ramón que esta postura es nueva. "Hace veinte años casi nadie tenía interés por los cascos históricos. Entre los pocos interesados estaban los mismos arquitectos aquí representados que defienden la compatibilidad de la arquitectura actual con la historia". Y con anterioridad nadie se rasgaba las vestiduras cuando veía que un edificio ruinoso y de poco valor se reemplazaba por otro de mejor factura y en el estilo imperante o que se derribase una iglesuca para levantar un templo nuevo, mejor y más lujoso. Ahora, sin embargo, estamos encantado de tirar una buena casa, no tiene por qué ser palaciega sino hecha con sentido común -con sus espacios y sus proporciones- y en su lugar levantar un falso edificio disfrazado de 'clásico y tradicional' totalmente absurdo. Julio Malo de Molina está presente con un edificio, La Murallita, polémico en su día y que hoy y después de quince años da la impresión de que lleva allí más tiempo que las mismas Puertas de Tierra. No fue fácil y eso que se trataba de derribar dos edificios corrientes y de escaso interés. Su apuesta facilitó el camino a posteriores proyectos. También en la capital se encuentra un edificio en construcción en el Campo del Sur y cuyo autor es Rafael Otero que cuenta con la colaboración de Juan Manuel Castaño y Francisco Alcoba. En las gaditanas calles de Concepción Arenal y Botica se encuentra el trabajo del importante arquitecto portugués Álvaro Siza y Rafael Otero con la colaboración de Francisco Alcoba. Un bloque de pisos, frente a la antigua cárcel del siglo XVIII, diseñado para que las habitaciones miren al mar y cuyo exterior queda integrado en el paisaje mediante un zócalo de piedra ostionera que contrasta con los paños superiores revocados en blanco. De Fernando Visedo, la reforma de un local en un edificio histórico: una casa de Isaac Nessi en la calle Colón número 14. Esta obra tenía algunas dificultades, además de no poder tocar su original fachada sobre estructuras porticadas. La solución ha sido construir con materiales prefabricados las dos plantas originales del local y aligerar algunos muros para conseguir mayor iluminación. Por fuera nadie sabe ni siquiera que el edificio haya sufrido reforma alguna. En la reforma de Germán López en la esquina de calle Santo Domingo con teniente Andújar la obra principal consiste en derribar todo lo añadido en los últimos años: ocupación de patios, particiones e intervenciones poco afortunadas. Una reforma que devuelve el edificio a su estado original pero útil en el siglo XXI. El estudio de Ramón González de la Peña está presente con el Pabellón de Deportes en una zona de gran valor para el centro histórico. Se ubica frente al mar Atlántico y enfrente del parque Genovés. Cádiz es un casco histórico carente de espacios libres y de equipamiento y falto de suelo. En el pabellón proyectado por RGPA se aglutinan el mayor número de disciplinas deportivas en la menor superficie disponible y máxima versatilidad en los usos. La calidad arquitectónica del proyecto está más que asegurada. Tomás Carranza en la reforma de la planta de un edificio frente al mar, trata en su proyecto de conseguir el papel de las torres-miradores de Cádiz. En El Puerto de Santa María se encuentra el proyecto de Ramón Pico y Javier López. Una casa palacio totalmente en ruina. La reforma respetó la composición y estructura de este tipo de edificación pero con una distribución, diseño y uso de materiales totalmente actuales con el añadido de una azotea donde antes había un tejado y que dota a los actuales propietarios de unas vistas espectaculares. Por fuera parece que la casa solo se ha adecentado. De José Luis Daroca y José Antonio Carbajal hay un proyecto para Estepa y otro para El Puerto donde se conserva lo que tiene interés conservar y sin una mirada miope tirar todo lo malo sea del siglo que sea. Lo malo, cuanto más antiguo es más malo. En Jaén se ubica el proyecto del jerezano Ignacio de la Peña para convertir la vieja cárcel en museo de la ciudad. Un edificio interesante arquitectónicamente pero antipático para la ciudad se convierte en algo cercano y atractivo. Y en Jerez tenemos dos proyectos en bodegas: la construcción de un loft frente a la casa de Camporreal y el museo de Historia Moderna de Jerez en las antiguas bodegas de Valdespino. Sus autores son Maripi y Charo Escobar y RGPA respectivamente. De las primeras es también la obra de los nuevos accesos de la biblioteca pública de la plaza del Banco, una espectacular torre de cristal pegada a un sobrio edificio del siglo XIX y también en Jerez está en proyecto la construcción de un balneario urbano que se construirá en los jardines del Hotel Palmera Plaza y con una fachada de hormigón a las calles Luis Pérez con Rendona. Este proyecto pertenece al estudio de Jesús Orúe y Pedro Ledo. Entre otros proyectos que enriquecen nuestros deteriorados, cuando no abandonados, centros históricos. La muestra ya está previsto que se vea en Córdoba. (Diario de Jerez, 21 de junio de 2006) |