No es sólo una mansión, es un Boeing 747, y su segundo piso un loft.

Una mujer californiana está transformando un viejo avión en una vivienda. Dice que es más ecológico y mucho más femenino.

CONDADO DE VENTURA, California Francie Rehwald, cuyas pasiones van desde el yoga y la jardinería orgánica a los mojitos cubanos, quería que su casa fuera amigable con el medio ambiente y que fuera “femenina”, que tuviera curvas. “Yo soy mujer”, dice esta jubilada de 60 años.

Así que su arquitecto tuvo la idea de comprar un viejo Boeing 747 y cortarlo en pedazos. Las alas se convertirían en el tejado, la nariz en un templo de meditación. Con las demás partes construirían otras seis obras, incluyendo un establo para animales exóticos. Para graficar la idea, dibujó un plano.

“Cuando se lo mostré en la oficina, empezó a gritar”, recuerda el arquitecto, David Hertz. Rehwald estaba fascinada con el diseño. Le encantó por su atrevimiento, sus formas femeninas y, en especial, por su aspecto medioambiental.

“Esto es 100% reciclaje”, dice. “¿No es espectacular?” Las construcciones poco usuales no son inusitadas en la costa del sur de California, famosa en Estados Unidos por atraer a excéntricos y espíritus libres. La cyclotron house en Malibu tiene la forma de un acelerador de partículas. La Cemosphere tiene el aspecto de un platillo volador anclado sobre un pilar al borde de un acantilado en las colinas de Hollywood.

Rehwald, cuya familia fundó el primer concesionario de Mercedes-Benz en el sur de California, está dispuesta a sumarse a la tendencia. Ya ha reservado un viejo avión en desuso, se ha ganado a los funcionarios urbanos y ha gastado unos US$200.000 en consultores.

“Este es mi antídoto contra los centros comerciales de Estados Unidos”, dice Rehwald. Hertz ha diseñado casas para celebridades de Hollywood, como Julia Louis-Dreyfus, conocida por su participación en la serie de televisión Seinfeld. Dice que su inspiración aeronáutica le sobrevino durante un vuelo desde Los Ángeles a Escocia. “Aunque fue diseñado en los años 60, (el 747) sigue siendo algo bello y contemporáneo. Fue derivado de la pura funcionalidad”.

Hertz ciertamente no es el primer arquitecto que se inspira en la aeronáutica para idear sus proyectos. Pero bien puede ser el primero en proponer la construcción de una casa elegante a partir de las partes de un 747.

Primero tuvo que encontrar el avión. Un 747 nuevo cuesta unos US$200 millones. Pero Hertz llamó a Mark Thompson, dueño de un desguace de aviones en el desierto de California llamado Aviation Warehouse. Thompson le dijo que por un precio entre US$70.000 y US$100.000 podía adquirir un 747-200 de la difunta aerolínea Tower Air.

La mitad del valor correspondía a los alerones, que son las partes móviles de las alas. Pero Hertz pensó que los podía usar en la construcción de los toldos en el patio, junto a la piscina. Thompson tuvo que convencer a los funcionarios de ingeniería del condado de que las partes del jet eran capaces de soportar los fuertes vientos que de vez en cuando azotan la propiedad de Rehwald. “Es complicado persuadir a un ingeniero que suele trabajar con vigas de madera de que un avión que vuela a más de 800 kilómetros por hora puede resistir vientos de 65 kilómetros por hora”.

Nancy Francis, supervisora de la sección de permisos residenciales de Ventura, dice que está encantada con un proyecto tan inusual en su jurisdicción. “Todo el mundo en el departamento quiere ir a verlo una vez que esté terminado”.

De momento, Hertz y sus asistentes trabajan en el desierto midiendo y estudiando las dimensiones y las formas del avión. Más adelante terminarán por desarticularlo en piezas y llevarlo al arrastre a un valle cercano a la propiedad de Rehwald. Hertz calcula que a un helicóptero le llevará unas diez horas a US$8.000 por hora transportar todas las piezas hasta el lugar donde se construirá la casa.

Una vez allí, Hertz construirá una serie de edificios conectados mediante estrechos caminos de tierra. Las alas del jet se sujetarán sobre poderosas paredes de concreto, formando el tejado del cuerpo principal de la casa, que tendrá varios niveles. La nariz del fuselaje apuntará hacia el cielo, convirtiéndose en una sala de meditación, con la ventana de la cabina de vuelo haciendo las funciones de claraboya. La cabina de primera clase será un estudio de arte. El segundo piso que caracteriza a los 747 será un loft. Otras partes se usarán para un estudio de yoga, un anexo para invitados y una casita para el empleado de mantenimiento.

“Vamos a tratar de utilizar cada pieza de esta aeronave, así como los indios utilizarían a un búfalo”, dice Hertz.

Como la propiedad se encuentra en la ruta de vuelo de entrada al aeropuerto internacional de Los Ángeles, Hertz tendrá que pintar números especiales sobre las alas para alertar a los pilotos. El problema es que podrían confundir la excéntrica residencia de Rehwald con un avión estrellado. Rehwald dice que le ha dado a Hertz un presupuesto de US$1,5 millones para el proyecto. Y se apresura en agregar: “Seré realmente afortunada si se mantiene por debajo de los US$2 millones”.

Rehwald espera comenzar con la construcción dentro de los próximos nueve meses y espera mudarse a su nueva casa-avión en 2007. Hasta entonces, cada vez que visita la zona de obras, se aloja en una casa rodante prestada.

(The Wall Street Journal, 11 de noviembre de 2005)