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Tipologías de vivienda en el umbral XXI
Nuestros proyectos están todavía dominados por la visión funcional. Desde la reconstrucción de los años 50 y 60, la vivienda social de mínimos ha estado presente en todo, desde la formación de los arquitectos a la redacción de las ordenanzas. La rutina es tan fuerte, como todos los clichés culturales, que ni siquiera se ha llevado a cabo una reflexión seria sobre la familia y el uso que ésta hace de la vivienda.
Por eso, los nuevos tipos que corresponden a nuevas formas de vida, y de familia, tardan una generación al menos en entrar en las rutinas de la oferta, de la financiación y de los reglamentos. Así sucede con la vivienda para una persona, que es una necesidad y un hecho para un alto porcentaje de la población (hasta un 30 % en alguna capital administrativa), con la vivienda de grupos no familiares, jóvenes o no, (probablemente un 5%-10%) y con la vivienda temporal o con el espacio adaptable ('loft'), que tiene un público potencial enorme (el sector de edad entre 25 y 35 años) y un ahorro de construcción notable. A todos sus posibles usuarios se les viene 'empaquetando' desde hace 40 años en pisos, sometiéndoles a la disciplina de la vivienda familiar de dormitorio principal, salón-comedor y demás tópicos, disciplina que se acepta sin crítica. Las nuevas formas de habitar ya están ahí, pero cuesta reconocerlas. Por ejemplo, los estudiantes de Madrid se reúnen de tres en tres para habitar un piso y así cada uno consigue disponer de unos 25 m2 por 300 euros al mes. Pero si se ofrece oficialmente a los estudiantes un apartamento de 25 m2, se entiende como una burla.
La cuestión es que estos nuevos tipos se abren paso primero como excepciones y luego como productos de mercado cuando se reconoce su existencia, como sucedió con la multipropiedad y sucederá con el alojamiento múltiple de los inmigrantes más pobres. Necesitan su sitio en los reglamentos y aún tiene que aparecer su posibilidad en nuestro urbanismo, tan corto de ideas como de tipologías, que produce casi únicamente dos tipos de alojamiento: la casa de pisos familiares (el mismo tipo en manzanas o bloques o torres) y el adosado (esa misma casa familiar, con escalera, condimentada con la ilusión de un patio y un taller) en unas ristras informes que llaman urbanizaciones. Nuestro urbanismo es prácticamente un monocultivo y su único producto es el m2 de casa familiar de 1-2-3 dormitorios, cuya plusvalía y alquiler son en general independientes del tipo de vivienda, del tipo de urbanismo y del tipo o calidad de su proyecto. Las nuevas tipologías todavía esperan su reconocimiento y su ocasión para convertirse en alternativas.
(El Mundo, 23 de septiembre de 2005)
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